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Uno de los descubrimientos más impactantes de los últimos 10 años consiste en el enorme parecido que presenta el paisaje de Titán, la luna de Saturno, con la Tierra. Al igual que nuestro planeta azul, la superficie de Titán está salpicada de lagos y mares, posee canales, ríos, islas, barro, nubes de lluvia y puede que hasta arco-iris. La luna gigante es indiscutiblemente húmeda.

Sin embargo, el "agua" de Titán no es H2O. Con una temperatura en su superficie de -179ºC, Titán es demasiado frío para tener agua líquida, por el contrario, los investigadores creen que el líquido que lo esculpe consiste en una mezcla indeterminada de metano, etano y otros hidrocarburos difíciles de congelar.



Este nuevo vídeo sopesa el misterio de la ausencia de olas en Titán.

La idea de que Titán es un mundo húmedo con sus propias y extrañas aguas es ampliamente aceptada por los científicos planetarios. Ninguna otra cosa puede explicar las observaciones realizadas por la nave espacial Cassini que ha sobrevolado Titán más de 90 veces desde 2004, cartografiando los lagos y mares de su superficie mediante el radar. La sonda Huygens de la ESA descendió en paracaídas hasta la superficie de Titán en 2005 a través de sus húmedas nubes posándose en su mojado y esponjoso suelo.

Sin embargo hay algo que ha estado preocupando a Alex Hayes, científico planetario y miembro del equipo de radar de la Universidad de Cornell. Y se pregunta, si Titán realmente está tan mojado, “¿donde están las olas?” Aquí en la Tierra, los cuerpos en el seno del agua, raramente están tranquilos. La brisa al soplar sobre la superficie produce pequeñas ondulaciones y discontinuidades; las gotas de lluvia al chocar con la superficie del mar también generan cierta rugosidad. Sin embargo, los lagos de Titán son misteriosamente suaves, sin percepción alguna de la acción del oleaje hasta escala milimétrica, según la información aportada por el radar de la Cassini.

Hayes añade, “sabemos que existe viento en Titán, y sus majestuosas dunas lo evidencian”. Si a eso añadimos la baja gravedad de Titán de tan solo la séptima parte de la Tierra, la cual presenta muy poca resistencia al movimiento de las olas, estamos ante un verdadero rompecabezas.

Los investigadores han barajado varias hipótesis. Quizás los lagos se congelen, aunque Hayes cree que es poco probable porque “observamos evidencias de precipitaciones y que las temperaturas superficiales están muy por encima del punto de fusión del metano”. O quizás los lagos estén cubiertos de alguna sustancia parecida a la brea que amortigua el movimiento de las olas, aunque “todavía no podemos descartarlo”, añadió.

La respuesta podríamos encontrarla en un estudio realizado por Hayes y sus colaboradores publicado en 2013 en la edición “on line” de la revista Icarus. Teniendo en consideración la gravedad de Titán, la baja viscosidad de los hidrocarburos, la densidad de la atmósfera de Titán y otros factores, calcularon que la velocidad del viento debería ser capaz al soplar de producir olas: Una brisa suave de tan solo 1,6 a 3,2 km/h debería ser capaz.

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El destello que aparece en la parte superior de ésta imagen, detectado por la Cassini en 2009, se cree que puede ser debido al reflejo de la superficie de uno de los lagos del norte de Titán.



Esto sugiere una tercera posibilidad: que los vientos no hayan soplado lo suficientemente fuerte. Desde que la Cassini llegó a Saturno en 2004, en el hemisferio norte de Titán (donde se encuentran la mayoría de los lagos) los vientos se encuentran detenidos por el invierno. El pesado aire frío apenas se mueve y rara vez alcanza el umbral generador de ondas.

Pero ahora, las estaciones están cambiando. En agosto de 2009, el Sol cruzó el ecuador de Titán en dirección norte. El verano está al caer, aportando luz, calor y vientos a la región de los lagos.

“De acuerdo con los modelos climáticos, los vientos arreciarán conforme nos acerquemos al solsticio en el 2017 y deberán ser lo suficientemente fuertes como para levantar olas”, manifestó Hayes. Si aparecieran ondas, la Cassini debería ser capaz de detectarlas. Los reflejos del radar en las superficies onduladas pueden aportar mucha información a los investigadores. Las dimensiones de las ondas, por ejemplo, pueden dejar entrever la viscosidad del fluido subyacente y, de este modo, su composición química. Además, la velocidad de las ondas permitiría inferir la velocidad del viento que las ha generado proporcionando una verificación independiente de los modelos climáticos de Titán.

Hayes se encuentra entusiasmado acerca de “la oceanografía de otro mundo. Todo cuanto necesitamos ahora” añadió, “son unos mares turbulentos”.

Autor: Dr. Tony Phillips| editor: Dr. Tony Phillips
Fuente: Science@NASA

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