Los microbios que habitan en los bordes de las capas de hielo árticas donde se libera gas metano, podrían ayudar a los investigadores a encontrar microorganismos similares que pudieran haber evolucionado en Marte, Europa (luna de Júpiter) o en Encelado (luna de Saturno). Capas de hielo similares a las existentes en la Tierra, las hay en otras partes del Sistema Solar, como en los glaciares de hielo de agua enterrados en la Cuenca Hellas de la región marciana.Air Jordan

Marte

La vida microbiana presente en los bordes de un glacial, nos aporta pistas acerca de posibles formas de vida en Marte, Encelado y Europa.



Lisa Pratt astrobióloga y geomicrobióloga de la Universidad de Indiana, ha manifestado que: “si la vida se extendió al principio en Marte, cuando eran frecuentes pequeños lagos, resulta necesario realizar una toma de muestras con la esperanza de que los marcadores biológicos pudieran haber cubierto distancias tan pequeñas como 100 metros”.

“Actualmente, Marte tiene prioridad máxima porque es más fácil de llegar a él”, afirmó Pratt y añadió: “no obstante, necesitamos realizar varias cosas para que estas misiones sean más efectivas, tenemos que encontrar la manera de penetrar más profundamente en el subsuelo marciano. La superficie está muy oxidada debido a la naturaleza de la atmósfera marciana que contiene radicales (*) muy agresivos. La superficie también contiene algo de percloratos, los cuales la barren de potenciales fósiles orgánicos. Tenemos que llegar por debajo de ésta capa oxidada. También tenemos que encontrar la manera de perforar esta gruesa y polvorienta capa de hielo de los casquetes polares marcianos, para alcanzar estas capas que pudieran decirnos algo sobre el clima y sus cambios en el pasado”.

“Cada vez resulta más claro que en la Tierra existen microbios metanogénicos adaptados al frío en las regiones árticas, antárticas y sedimentos marinos”, manifestó el investigador Jeffrey White, biogeoquímico medioambiental de la Universidad de Indiana. “La fermentación acética es la causa principal de la producción del 95% del metano en estos ambientes fríos”.

Los microbios metanogénicos constituyen una comunidad de microorganismos que proporcionan el acetato y otras moléculas simples para su consumo. Si estas comunidades se desarrollaron en regiones frías de la Tierra, “parece razonable buscar evidencias de procesos biológicos similares en otros cuerpos helados de nuestro Sistema Solar” añadió White.

White y sus colegas fueron recientemente a Groenlandia debido a una subvención de 2,6 millones de dólares de la NASA. Investigaron el borde occidental de la capa de hielo de Groenlandia, “uno de los bordes más fácilmente accesibles de la mayor capa de hielo de la Tierra”, manifestó White. “La logística relativamente manejable y el clima de Groenlandia comparado con el de la Antártida, hacen de esta zona una elección excelente”.

Los datos actuales sugieren que, el metano procedente de reacciones microbianas es sustancialmente más rico en isótopos más ligeros, de 20 a 40 partes por mil que el metano abiótico, aclaró Pratt. Pequeñas moléculas disueltas o iones que contengan un isótopo más ligero se desplazan más rápidamente a una determinada temperatura que los que contengan un isótopo más pesado. En consecuencia, aquellos que contengan un isótopo ligero interactúan más frecuentemente con enzimas bacterianas por lo que se incorporan con más frecuencia como el caso del metano.

En 2011, los investigadores utilizaron un láser infrarrojo para buscar metano en diferentes sitios a través del valle que se extiende a lo largo de decenas de kilómetros, cerca de los márgenes de la capa de hielo de Groenlandia. Las mediciones se realizaron unos dos metros por encima de la superficie del suelo, a razón de uno cada 4,5 horas cada vez.

El metano fue descubierto en varios lagos y zonas húmedas. Sin embargo, los niveles de metano observados coinciden bastante bien con los que se detectan en niveles normales en la atmósfera en los bordes helados de Groenlandia. Las próximas medidas se tomarán a alturas justo por encima de la superficie del suelo, para distinguir mejor las fuentes locales de emisión.

Saber buscar vida constituye una cuestión con la que se enfrentan los científicos. Otra cuestión es como evitar que los materiales biológicos y no biológicos propios de la Tierra induzcan a confusión o peor aún, dañen la vida incipiente.

“La contaminación constituye un gran problema” expone Pratt. “Los científicos e ingenieros trabajan conjuntamente para averiguar coóo estudiar Marte e incluso traer muestras a la Tierra sin causar más daño”.

Más daño... porque las personas que estuvieron detrás de la sonda de aterrizaje en Marte de la misión Viking, no tuvieron en consideración estas cuestiones.

“Más allá de Marte también hay lugares muy interesantes para explorar” manifestó Pratt. “Mi preferencia personal es Encelado (luna de Saturno), presenta penachos explosivos que una sonda puede atravesar sin necesidad de aterrizar ni tener que considerar el tema de la contaminación. También creemos que puede haber agua líquida aislada por debajo de la gruesa capa helada de esta luna”.

Una cosa parecida sucede con Europa, luna de Júpiter, pero Europa carece de penachos que tan convenientemente expulsan materia que puede ser capturada por las sondas en órbita.

Para el verano de 2013, los investigadores intentarán buscar posibles señales de vida bajo la superficie gaseosa con un innovador taladro desarrollado por ellos mismos. El dispositivo permite la trasferencia rápida de muestra gaseosas inalteradas procedentes de pozos perforados directamente con los instrumentos analíticos. Un equipo similar podría encontrar algún día aplicación en la exploración de planetas, manifestó Pratt

(*) Un ión es una partícula cargada eléctricamente, constituida por un átomo o molécula que no es eléctricamente neutra. Conceptualmente esto se puede entender como que, a partir de un estado neutro de un átomo o molécula, se han ganado o perdido electrones;

Fuente: Daily Galaxy