Especiales

 INTRODUCCIÓN

  Desde los años 60, el SETI (Search for Extra-Terrestrial Intelligence o Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre en español) ha estado buscando cualquier señal sospechosa que nos haga pensar que una civilización extraterrestre esté intentando contactar con nosotros. Tal vez nos parezca una locura, o una pérdida de tiempo, pero hay muchas esperanzas puestas en los proyectos puestos por el SETI, en especial de SETI@home, que une millones de ordenadores para procesar los datos que llegan del radiotelescopio de 305m de Arecibo. Así pues, la radioastronomía ha sido la elegida para tratar de encontrar dichas señales, y a ella le dedicaremos especial atención en este especial. (Es de suponer que la posibilidad de ir en naves para encontrar tales civilizaciones es nula con lo que tenemos ahora, pues tardaríamos demasiado tiempo comparado con el de la vida de una persona).

¿Hay posibilidades de encontrar algo?

  Haberlas haylas, pero no podemos saber con exactitud cuántas. Desde hace más de una década, no habíamos encontrado ningún planeta extrasolar, es decir, que no perteneciese al Sistema Solar. Pero sabíamos que tenían que estar por ahí. El resultado de ésta larga búsqueda se dio en 1995, cuando encontramos el primer planeta extrasolar, y desde entonces no ha parado la cuenta, y ya asciende a más de 100 planetas. Cierto es que son planetas con pocas posibilidades de albergar vida, por el simple hecho de ser colosos parecidos a Júpiter, algunos más grandes, otros más pequeños. Por ser como Júpiter, seguramente son gaseosos, y por ello la vida no se puede desarrollar en dichos mundos, o al menos eso decimos nosotros, que pertenecemos a la Química del Carbono y no conocemos otra posibilidad. Pero no por ello hay que tirar la toalla, pues los planetas similares al nuestro lo encontraremos cuando dispongamos de la tecnología necesaria para diseñar "ojos" espaciales para verlos. Y esto ocurrirá dentro de no mucho tiempo. Por ahora, paciencia.

  No hemos encontrado vida inteligente en nuestro Sistema Solar, aunque sí indicios de que por Marte corrió el agua, así como que en Ío los volcanes de la actualidad nos hacen recordar los nuestros del pasado. Vivimos en un sistema en constante cambio, donde cada planeta sigue su curso. Desde luego que no esperamos que las condiciones cambien lo suficiente como para que aparezca vida inteligente en otros planetas vecinos en nuestro corto período de vida.

  Es por ello por lo que nos preocupamos por buscar la vida en planetas extrasolares.

ECUACIÓN DE DRAKE, ¿Qué posibilidades hay de encontrar vida inteligente extraterrestre que puedan contactar con nosotros?

  Es una pregunta de difícil respuesta. Nosotros pertenecemos a la química del carbono, y no sabemos ni siquiera si el carbono es esencial para la vida. Además de carbono, hay otros factores con los que hubiese sido imposible la vida en la Tierra si no existiesen. Uno de ellos es la distancia que nos separa nuestro planeta del Sol: ésta es muy importante, pues estamos en una posición ideal para que la temperatura se mantenga en niveles óptimos y que el agua permanezca en estado líquido. También es importante el agua: es en este líquido donde parece que surgió la vida en la Tierra, y de ahí las especies se difundieron por todo el planeta. Y después también hay otros factores, como el que la atmósfera contenga los elementos principales (el oxígeno, hidrógeno...).

  Y ahora pasemos a la teoría de Frank Drake. El radioastrónomo Drake de la universidad de Cornell formuló una ecuación cuyos términos eran difíciles de estimar. Por supuesto, no hay que fiarse del resultado. La ecuación es la siguiente:

N = R* x fp x ne x fl x fi x fc x L

N
Número de civilizaciones comunicativas de la Galaxia
R
Número medio de estrellas presentes en la Vía Láctea
fp
Fracción de estas estrellas que pueden tener planetas a su alrededor
ne
Número de planetas en el interior de estos sistemas que albergarn esperanzas para la evolución de la vida
fl
Número de planetas donde actualmente se desarrolla la vida
fi
Número de planetas donde la vida es inteligente
fc
Número de planetas donde se ha desarrollado la tecnología necesaria para la comunicación
L
Vida media de tales civilizaciones

 

LA RADIOASTRONOMÍA, UNA BUENA OPCIÓN

  Anteriormente hemos dicho que la radioastronomía es el arma que utiliza el SETI para encontrar vida inteligente extraterrestre. ¿Por qué? Simplemente porque es del espectro electromagnético el tipo de onda que menos energía requiere. Para entender lo que es el espectro electromagnético, antes deberemos saber lo que son las ondas.

  Las ondas son perturbaciones que se producen en un foco y que se expanden por el espacio. Hay dos tipos de ondas, las mecánicas y las electromagnéticas. Las dos transportan energía sin que haya transporte de materia, pero la diferencia entre ambas es que las electromagnéticas no necesitan medio material por el que propagarse, a diferencia de las mecánicas que sí lo necesitan. Un ejemplo de las mecánicas es el sonido: cuando conversamos en la Tierra, el sonido nos llega gracias al aire, pero si intentásemos hablar en el Espacio exterior, la tarea sería imposible, no escucharíamos nada en absoluto. Resuelta ya la diferencia preocupémonos por las electromagnéticas.

  Estas ondas se pueden propagar como ondas y como partículas:
- Cuando viajan como partículas lo hacen a través de fotones, es decir, mediante paquetes de energía desprendidos por los cuerpos al perder energía.
- Las ondas electromagnéticas se propagan mediante la oscilación de campos eléctricos y magnéticos. Estos campos están en ángulo recto entre sí y respecto a la dirección de la onda. No necesitan un medio material para desplazarse.

  Éstas van a una velocidad de 299.792 km/s, y se caracterizan por su frecuencia (u) y longitud de onda (l). La frecuencia es el número de oscilaciones por segundo, medida en Hercios (Hz). La longitud de onda es la distancia en metros existente entre dos valles o dos crestas de una onda.

  Recibimos del espacio importantes emisiones de ondas electromagnéticas y éstas nos sirven para conocerlo mejor. De todas las ondas que forman el espectro electromagnético, las capas atmosféricas impiden que ciertas longitudes de onda lleguen hasta nosotros. En particular, recibimos las siguientes: la luz visible (la única que nuestros ojos perciben), pequeñas partes del infrarrojo y del ultravioleta, y las ondas de menor longitud que las ondas de radio. Hasta no hace mucho, el ser humano sólo pudo estudiar del cielo las ondas de luz que nos llegaban, pero éstas eran solamente una pequeña porción del espectro electromagnético. Más tarde, y conforme la ciencia y la tecnología progresaban, fuimos descubriendo nuevas formas de "ver" el Universo, y así, entre otras cosas, descubrimos los cuásares y más recientemente las explosiones de rayos gamma (GRB). Así pues, con los telescopios hemos visto numerosos eventos astronómicos, y con otros aparatos como los radiotelescopios (para ver las ondas de radio) hemos visto aumentada la información sobre todos los aspectos existentes. Los radiotelescopios tienen el inconveniente en la Tierra de poder recibir interferencias que puedan causar problemas en las investigaciones (debido a las TV, radios, tormentas...). Por otra parte, hemos puesto en órbita telescopios para observar los rayos X (el Chandra) y otros muchos más que no pueden estar ubicados en nuestro planeta por el simple hecho de que no nos llega todo el espectro.

  Mediante los radiotelescopios, el SETI pretende captar señales de civilizaciones extraterrestres, pero éstos sirven también para otras cosas: nos permiten oír tormentas cercanas, tormentas de Júpiter, agujeros negros, la actividad del Sol, la actividad de los blásares, cuásares, radiogalaxias... Pero existe un pequeño inconveniente en la radioastronomía: el tamaño sí importa. Así que para captar más información, necesitamos disponer de platos (la parte en forma de parábola de un radiotelescopio) mayores, de tal forma que, por ejemplo, el radiotelescopio de Arecibo mide 305m de diámetro, mientras que los radiotelescopios de aficionados miden unos pocos metros, y por ello son menos valiosos. Para que la intensidad sea mayor, se utilizan también amplificadores. Pero sin duda la mejor idea es la de la radiointerferometría, que, resumiendo, significa la unión de varios radiotelescopios para lograr mejores resultados. Un ejemplo de ello es la Gran Disposición de radiotelescopios en Batería (GDB) situado en Nuevo México (EE.UU.) que utiliza 27 parábolas de 25m de diámetro cada una. Ésta técnica no se puede utilizar para la luz visible desgraciadamente.

  De las ondas de radio, nos llegan a la Tierra aquellas comprendidas entre los 1mm a los 100m. Un radiotelescopio no recibe todas las ondas de radio que uno quiere, sino que debe sintonizarlo, al igual que hacemos con las TV o las radios. Es especialmente interesante la sintonización que muchos radioastrónomos hacen en la longitud de onda de 21cm. No está calculada al azar, sino que es precisamente el hidrógeno el culpable: cuando un electrón de un átomo de hidrógeno pasa a ocupar otro nivel dentro del mismo átomo, libera un fotón de energía a una longitud de onda de aproximadamente 21 cm, lo que equivale a una frecuencia de 1428 MHz. Es sólo un elemento de entre los cientos existentes, pero es el que más abunda en el Universo, por ser el más simple.

 

HISTORIA DE LA RADIOASTRONOMÍA

  Para buscar los orígenes de la radioastronomía, debemos remontarnos hasta los años 30. Fue por esta época cuando Karl Jansky, graduado en Física en la Universidad de Wisconsin, empezó a trabajar en los Laboratorios de Teléfonos Bell en Holmdel (EE.UU.) en 1928. Como empleado de la compañía, se le asignó estudiar la interferencia de radio de las tormentas para poder diseñar una antena que pudiera minimizar el ruido (estática) que pudiera interferir con las radiotransmisiones de la voz. Para ello diseñó una antena montada en una base giratoria que se asemejaba a un tío-vivo. Así, pudo observar con el tiempo que parte del ruido era producido por las tormentas cercanas, por las lejanas, y por fuentes provenientes más allá aún, fuera de la Tierra. Estas ondas eran desconcertantes: vio que se iban desplazando día a día con un retraso de unos 4 minutos, claro síntoma de que coincidía con la rotación de la Tierra alrededor del Sol. Más tarde se descubriría que provenía del centro de la Vía Láctea, en la constelación de Sagitario. Jansky se mostró muy ilusionado con este proyecto, y quiso profundizar con los estudios, pero su empresa vio que ya era suficiente con los datos obtenidos.

  Pese a los pilares puestos en la radioastronomía por Jansky, los científicos no le prestaron la suficiente atención a esta forma de ver el espacio. Fue ya en 1937 cuando Grober Reber, ingeniero de radiocomunicaciones, se hizo en su propio jardín un prototipo de radiotelescopio con un plato de 10 metros, con el cual hizo el primer mapa de radio de la Vía Láctea. Entonces, con la 2ª Guerra Mundial, la radioastronomía quedó ignorada por casi todo el mundo, hasta que resurgiría a partir del final de la guerra y sería utilizada con casi igual de importancia que el estudio de la astronomía en el espectro visible.

  

HISTORIA DEL SETI

  Para conocer los comienzos del SETI (Search for Extra-Terrestrial Intelligence o Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre) hay que remontarse al año 1959, cuando dos científicos, Philip Morrison y Guiseppe Coconni publicaron un artículo en la revista Nature, acerca de la posibilidad de usar las microondas para las comunicaciones extraterrestres.

  No había pasado ni un año cuando Frank Drake, en 1960 y utilizando el radiotelescopio del NRAO (National Radio Astronomy Observatory u Observatorio Nacional de Radioastronomía) en Green Bank con un diámetro de aproximadamente 25 m y sintonizándolo en el hidrógeno neutro (21cm ó 1420 MHz), emprendió el primer proyecto SETI, denominado Proyecto Ozma. Este proyecto tenía como objetivos a las estrellas Tau Ceti y Epsilon Eridani, las cuales habían sido publicadas en las listas de posibles candidatas a albergar vida por Philip Morrison y Guiseppe Coconni. Eran estrellas cercanas y muy similares al Sol. De este proyecto, sólo encontraron una señal extraña, que resultó provenir de un avión espía, el U2.

  En 1961, Frank Drake, en una conferencia en Green Bank, expuso su famosa ecuación que lleva su nombre, la ecuación de Drake, mediante la cual quería darle número a las posibilidades que teníamos de contactar con una civilización extraterrestre de nuestra galaxia.

  Más tarde, ya por el año 1962, el científico Peter van de Kamp, tras estudiar a la estrella de Barnard detenidamente, concluyó que debía moverse junto a uno o más planetas a su alrededor.

  En 1967, una estudiante llamada Jocelyn Bell se dedicó a estudiar los efectos del viento solar con los objetos tan distantes como los cuásares. Al igual que las estrellas titilan (parpadean) en una noche debido a la atmósfera terrestre, el viento solar hace que los cuásares tengan el mismo comportamiento vistos a través de las ondas de radio. Entonces, lo esperado era que por el día, el efecto del centelleo sería mucho mayor que el sufrido por la noche. Pero no fue así, porque durante la noche, el parpadeo era muy grande, y además, notó irregularidades con su apariencia. Con ayuda de su supervisor, Tony Hewish, hizo un diagrama para investigar la señal cuando apareciese de nuevo. Así, lo que encontraron no fue un cuásar, sino una serie de pulsaciones separadas por un intervalo de 1.337 segundos, con una precisión de un reloj atómico. Se sorprendieron tanto que no dudaron en que estas señales las debían estar enviando una civilización extraterrestre, y llamaron a las señales LGM (Little Green Men, que significa pequeños hombres verdes). Pronto descubrieron que la fuente provenía del espacio y que se iba desplazando por el cielo a razón de 4 minutos por día, claramente debido al día sideral. Más tarde también confirmaron que las señales no se estaban recibiendo de un planeta que orbitase una estrella, y por ello, se descartó la posibilidad de que fuesen hombrecillos verdes los responsables. Entonces pensaron que se debía a una fuente natural: una estrella de neutrones que, tras la explosión de una supernova, giraba muy rápidamente sobre su eje, a unas 50 veces por segundo inicialmente. En este giro suelta enormes cantidades de ondas de radio y de luz. Estos objetos son los púlsares, y en la actualidad se conocen más de un millar de ejemplares.

  En 1971 la NASA crea el Proyeto Cyclops, con el objetivo de crear más de 1.000 radiotelescopios en batería (por interferometría) para localizar fuentes de radio similares a las de la Tierra en un radio de 1.000 años luz. Pero los costes eran demasiado altos como para llevarlo a cabo.

  Dejando a un lado a la radioastronomía, por los años 1972-3, se lanzaron las sondas Pioneer 10 y 11 con unas placas que describían aspectos de nuestra civilización. Las posibilidades de que otra civilización encuentre estas placas son casi nulas, pero pensamos que merece la pena llevar este tipo de mensajes a lo largo de la Galaxia que de una manera u otra unan a los habitantes de la Tierra.

  En el año 1973, la Universidad del Estado de Ohio (EE.UU.) comienza un proyecto importante para el SETI con ayuda del Observatorio Big Ear del mismo estado. El objetivo era el de escanear el cielo completo en lugar de buscar objetivos concretos. Este proyecto duraría muchos años y el 15 de agosto de 1977 daría una gran sorpresa. Ese día y como cualquier otro, Jerry Ehman comenzó a ojear detenidamente las señales recibidas por el radiotelescopio en las hojas impresas, sin muchas esperanzas de encontrar algo. Pero su sorpresa saltó hasta tal punto de escribir en un margen del impreso la palabra "Wow!". Ni él ni nosotros sabemos si se trata de una señal extraterrestre, cuyos caracteres eran 6EQUJ5, como se muestra en la fotografía de la derecha. ¿Y qué significan estos caracteres? Las 50 columnas primeras muestran valores de intensidad sucesivos recibidos por el radiotelescopio del Big Ear en cada canal en intervalos sucesivos de 12 segundos. Como sólo hay espacio para un caracter, decidieron lo siguiente: utilizar un espacio para el valor de intensidad menor, después los números del 1 al 9, y tras ello, las letras de la A a la Z. El valor de U fue el mayor recibido hasta el momento. Como la banda de los 1420MHz está protegida y no debe ser usada por nosotros, esto causó mucho revuelo, pues en teoría no procedía de una fuente humana. Pero hemos estado mirando en la misma dirección decenas de veces, y no hemos vuelto a encontrar rastro de la señal que recibimos tal día. Pero como dice Ehman, la señal tal vez fuese una señal terrestre que simplemente se reflejó en un trozo de basura espacial y llegó hasta nosotros. Desde luego que si fuese una civilización extraterrestre la que nos envió el mensaje, nos la deberían haber enviado otra vez, pero no fue así.

  En 1979, los investigadores de la Universidad de California, Berkeley, iniciaron un gran proyecto denominado SERENDIP (Search for Extraterrestrial Radio Emissions from Nearby Developed Intelligent Populations, que significa Búsqueda de Emisiones de Radio Extraterrestres de Poblaciones Inteligentes Avanzadas Cercanas). El proyecto, que inicialmente se llamaría SERENDIP I, consistía en montar sobre una parabólica un gran receptor y observar por donde los radioastrónomos quisiesen. Desde que se inició el proyecto, la tecnología ha ido evolucionando y mejorando la cantidad de información que puede recibir el radiotelescopio. Al principio el proyecto se centró en el Observatorio Hat Creek de la Universidad de Berkeley, más tarde el SERENDIP II tendría lugar en el NRAO de Green Bank. A partir de 1992, el radiotelescopio de Arecibo sería el siguiente objetivo, ya con el SERENDIP III. En la actualidad vamos ya por el SERENDIP IV, el más potente, y que permite que los datos sean transferidos por Internet a Berkeley, donde se somete cada unidad de información a una serie de algoritmos para encontrar posibles señales extraterrestres. Este gran proyecto colaboraría más tarde con el proyecto SETI@Home.

  En 1982, la NASA inicia un proyecto SETI mediante el HRMS (The High Resolution Microwave Survey, que significa la Búsqueda en Microondas de Alta Resolución). Las observaciones se iniciarían en 1992, y contaría con la ayuda de importantes instituciones, como el JPL en Pasadena, y de buenos radiotelescopios, como el de Arecibo, en Puerto Rico. Desgraciadamente, un año más tarde el congreso estadounidense le corta el presupuesto al proyecto HRMS, debido, entre otras cosas, a la inversión para la futura Estación Espacial.

  Volviendo de nuevo a los años 80, en 1983 George Gatewood inicia una búsqueda de planetas extrasolares en el Observatorio Allegheny en Pittsburgh, Pennsylvania.

  Un año más tarde, la Unión Astronómica Internacional (UAI) comienza a dedicarse a la bioastronomía y a la búsqueda de vida extraterrestre.

  Ya en 1984, se funda el Instituto SETI (The SETI Institute), inicialmente con fondos de la NASA. Tenía como objetivo estudiar todos los aspectos de la vida en el Universo.

  En 1985, el proyecto META (Mega-Channel Extraterrestrial Assay o Ensayo del Mega Canal Extraterrestre) dio a luz en el Observatorio Oak Ridge de la Universidad de Harvard, Massachusetts. El proyecto tendría una importante donación de dinero por parte del famoso director de cine Steven Spielberg. En 5 años, descubrió 37 señales sospechosas, pero las investigaciones llevadas a cabo más tarde, por los mismos radiotelescopios del proyecto y ayudados del Proyecto Phoenix, no consiguieron encontrar de nuevo tales señales.

  En 1988, Robert Stephens inicia el Proyecto TARGET (Telescope Antenna Researching Galactic Extraterrestrial Transmissions o Antena de Telescopio investigando transmisiones Extraterrestres en la Galaxia) en el Radioobservatorio Algonquin. El programa estuvo activo hasta que fue parado por sorpresa en 1991 con la clausura del Observatorio.

  En 1994 la Alianza SETI (The SETI League) se funda, teniendo como presidente a Richard Factor. Se convirtió en el principal proyecto observacional privatizado del SETI.

  Un año más tarde, el Instituto SETI lanza el Proyecto Phoenix, como continuación del proyecto HRMS de la NASA, usando el radiotelescopio Parkes, en Nueva Gales del Sur, en el sureste de Australia. A diferencia del radiotelescopio de Arecibo que observa una pequeña porción del cielo en cada momento, el de Parkes se ocuparía de estudiar un sistema solar en todo el proyecto.

  En 1995, de nuevo surge otro proyecto, el BETA (Billion-Channel Extraterrestrial Assay) desde el radiotelescopio de Massachusetts de la Universidad de Harvard. Inicialmente el receptor funciona en "modo sondeo". Para eliminar la interferencia, se usan 3 receptores. Dos de ellos se usan para analizar las señales de las antenas de dos telescopios ligeramente contrarrestados en el cielo, de modo que una posible señal pase primero por el receptor este seguido por el oeste. El tercer receptor se encarga de recoger la interferencia local. De este modo, si la señal es recibida en el primer y segundo receptor, y no es almacenada como interferencia en el tercero, entonces habría posibilidades de que fuese de una posible civilización extraterrestre. Si pasa esta prueba, entonces se reorientan las antenas hacia el oeste para someterlas de nuevo a la misma prueba. De esta manera, el telescopio pararía su "modo sondeo". y estudiaría repetidamente la fuente encontrada.

  Sin acabar el año 1995, hay que mencionar un importante descubrimiento: el del primer planeta extrasolar encontrado, con el nombre de 51 Pegasi B, girando en torno a una estrella parecida a la nuestra. En la actualidad ya se conocen más de 100 planetas extrasolares.

  En 1996, la Alianza SETI (SETI League) contraataca, esta vez con el Proyecto Argus, para sondear todo el cielo. Lo que busca son emisiones fuertes de radio de posibles civilizaciones que busquen estrellas de nuestro tipo.

  Al mismo tiempo y en Argentina, se reanuda el Proyecto META II, esta vez más potente.

  El mismo año, El Instituto SETI (The SETI Institute) reanuda el Proyecto Phoenix desde el NRAO (National Radio Astronomy Observatory o Observatorio Nacional de Radioastronomía) en Green Bank, West Virginia.

  En el año 1997 termina el proyecto Big Ear, al demolerse para construir un campo de golf.

  En el año 1998, el Instituto SETI (The SETI Institute) y la Sociedad Planetaria (The Planetary Society) apoyan la búsqueda de señales luminosas por parte de civilizaciones extraterrestres.

  De nuevo el Proyecto Phoenix continúa su búsqueda desde el Radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico.

  En el mismo año, se inicia el SERENDIP en el hemisferio sur desde el Radiotelescopio de Nueva Gales del Sur, en Australia.

SETI@Home

  El proyecto del SETI@Home, posiblemente el más ambicioso, ha sido el más reciente. Para los proyectos del SETI, se necesitan dos cosas muy importantes: la primera, el de tener un radiotelescopio, y la segunda, un ordenador para analizar los datos en busca de posibles señales extraterrestres. Lo primero lo pone el radiotelescopio de Arecibo, lo segundo, cualquier internauta. Este gran proyecto cuenta con la ayuda de la alianza SETI (The SETI League).

  En la actualidad, son más de 5 millones de personas las que colaboran con sus ordenadores personales en el proyecto denominado SETI@Home. Pero, ¿cómo funciona? Primero, el telescopio de Arecibo, situado en un valle de Puerto Rico, recolecta toda la información y la envía en forma de paquetes de aproximadamente 320 Kb a los usuarios. Cada usuario debe haberse bajado el programa para realizar las operaciones algorítmicas que le permitan buscar en su unidad alguna señal extraterrestre. El usuario no es quien tiene que hacer las operaciones, sino que es el propio programa el que se encarga de hacerlo todo, menos la tarea de devolverle el paquete y recibir el/los siguiente(s). Para analizar una unidad de 320 Kb, el tiempo empleado en hacerlo varía según el ordenador del que se disponga. Los PCs más actuales hacen la tarea en más o menos 3 horas, mientras que ordenadores bastante antiguos lo procesan en varios días (puedes apagar el ordenador aunque no hayas terminado la unidad, pues la información se conservará vayas por donde vayas).

  Desgraciadamente, el radiotelescopio de Arecibo tiene sus inconvenientes: al estar la antena fija en un valle y no tener la oportunidad de ser movido, sólo puede apuntar hacia un 30% del cielo, pues siempre "mira" hacia arriba.

  Es un proyecto iniciado a finales de 1998, siendo en noviembre cuando un grupo de 100 usuarios empezó a analizar la información. Ya en 1999, la web del SETI@Home apareció en Internet, así como el programa para que cualquiera pudiese descargárselo. En la actualidad, está en fase de pruebas el SETI@home II, aunque con el nombre ya cambiado: BOINC (Berkeley Open Infrastructure for Network Computing).

El radiotelescopio de Arecibo

  Este famoso radiotelescopio ha participado en varios proyectos del SETI, al igual que ha aparecido en diversas películas, como Contact, que trata de la búsqueda de vida inteligente mediante la radioastronomía. Consiste en una enorme parábola en mitad de un valle de Puerto Rico. Ésta mide 305m. de diámetro y 50m de profundidad. Desde tres torres se sujetan mediante enormes cables al receptor que se encuentra suspendido en el aire. El radiotelescopio opera en frecuencias de 50 MHz hasta 10.000 MHz. No sólo ha colaborado para proyectos del SETI, sino que también ha estudiado cuerpos del Sistema Solar, nuestra atmósfera y objetos tan distantes como los púlsares.

Enlaces a páginas interesantes:

Web oficial del Proyecto SETI@home, ¿te apuntas?
Con esto no necesitarás tener el programa como salvapantallas, sino que funciona mientras haces otras tareas en el ordenador. (SETI@home)
Grupo Astroseti (SETI@home)
Grupo HispaSETI (SETI@home)
Grupo Argentina (SETI@home)
Jodrell Bank Observatory
Big Ear Radio Observatory & North American AstroPhysical Observatory
Al cielo y más allá
El Radiotelescopio de Arecibo http://www.naic.edu/about/ao/telespa.htm

 

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